Conclusiones del taller "Integración Social", Otras ponencias


Publicaciones electrónicas:
entre la ciudad virtual y la ciudad real
 
Ester SCHIAVO <eschiavo@compuserve.com>,
Centro de Estudios e Investigaciones de la
Universidad Nacional de Quilmes, Argentina
 
En la literatura sobre las tecnologías de información y comunicación (TICs), tanto en la especializada como en la de divulgación, se sostiene recurrentemente que se vive en un punto de inflexión, en uno de esos momentos en la historia de la humanidad en el que ya no es posible volver atrás. "El futuro ya esta aquí" subtitula Nicholas Negronte (1995)  a su libro "Ser Digital", "... Y esta aquí para quedarse" responden otros autores, cerrando el círculo que afirma que estas tecnologías signarán la vida cotidiana y laboral, principalmente de los habitantes urbanos, del mundo global que se generaliza.
 
La ciudad virtual convive creciente con la real y entre ambas van reproduciendo las formas del espacio urbano de fin de milenio. Las TICs son las redes técnicas claves de estos procesos y sus modos de producción, distribución y consumo resultan determinantes respecto de la inclusión/ exclusión a esta nueva realidad urbana.

Cuando se alude a las TICs se incluye bajo esta denominación a un conjunto difuso de tecnologías y en relación con la ciudad la imagen más frecuente remite a la comunicación a distancia a escala planetaria posibilitada por las autopistas de la información. La ciudad virtual ya forma parte de la vida cotidiana de los habitantes del mundo, sin embargo  La "aldea global" que Marshall McLuhan profetizara en la década del 60, a mas de 30 años continúa apareciendo como la imagen paradigmática de la ciudad del futuro, con la promesa de un mundo mejor.

Gaëtan Tremblay (1996)  observa que a primera vista podría parecer asombroso que se refiera a dos metáforas tan distintas como la de "autopista" y la de "aldea" para evocar la sociedad de la información, dado que ambas imágenes connotan mundos totalmente diferentes. Las autopistas representan la velocidad, la anchura, la modernidad, la libertad individual. Por lo contrario la  aldea significa la lentitud, lo pequeño, la cercanía con la naturaleza, las relaciones sociales próximas, el pasado. Como el mismo autor afirma pareciera que el papel mitológico que se espera que la tecnología desempeñe es reconciliar los contrarios, servir de mediador entre la modernidad y el pasado, entre la vida moderna activa y la vida bucólica del campo, la individualidad y la sociabilidad. Acaso ¿no es esta la realidad que se habita en la ciudad virtual?

En la ciudad real resulta más difícil la posibilidad de reconciliar los contrarios. En Argentina, como en la mayoría de los países latinoamericanos, las redes TICs están siendo progresivamente gestionadas por el sector  privado. La empresa se ha convertido en un actor con protagonismo creciente en contraposición con el Estado, quien mantiene casi exclusivamente su rol de regulador aunque en general permanece a la zaga en el proceso de toma de decisiones En este contexto ¿Cual es el potencial de estas tecnologías para acrecentar o disminuir las desigualdades sociales y territoriales existentes?

Las redes TICs son las redes técnicas urbanas de difusión más rápida y aparentemente más pareja en el territorio, pero este fenómeno disfraza una falsa homogeneidad. Esto se debe a que la expansión de las redes y el acceso a ellas están crecientemente determinados por la capacidad de pago de los usuarios/ consumidores individuales, entonces, los sectores más pobres de la población no necesariamente quedan completamente excluidos de las redes pero acceden a servicios de menor calidad y alcance, salvo que lo hagan de manera informal (Susana Finquelievich y Ester Schiavo, 1998) .

Por tal razón, las redes TICs comportan un nuevo filtro en la recomposición territorial y contribuyen a profundizar un modelo tendencial de ciudad: la ciudad fragmentada. En ella los fragmentos territoriales habitados por los estratos socio económicos medios y altos forman parte de la ciudad virtual y están conectados al mundo global, en cambio,  los fragmentos pobres permanecen condenados a la ciudad real, conectados por redes de baja calidad y corto alcance, las que solo comunican con su pequeño mundo.
 
Además de las dificultades de acceso masivo que estas tecnologías tienen implícitas en relación con la existencia de la red y la capacidad de pago, dado que para estar conectado se requiere al menos una computadora y una línea telefónica, o en su defecto estar abonado a un cable, lo que obviamente no caracteriza a la mayoría de la población mundial; se requiere otra condición no menos importante, un saber técnico básico.
 
En este contexto ¿De qué manera podrían contribuir las publicaciones electrónicas a los procesos de integración social?

Riccardo Petrella (1995) , entre otros autores, pone el énfasis en el rol de las ciudades como actores fundamentales del cambio tecnológico y económico y sostiene que sus dirigentes jugaran un papel crecientemente importante en la reconstrucción de las sociedades urbanas ¿Qué rol podrían jugar las publicaciones electrónicas gestionadas por los dirigentes locales?

El potencial de las publicaciones electrónicas es inmenso, ya sea como medio de información o para crear nuevos canales de comunicación entre ciudadanos, entre gobernantes y gobernados, entre grupos de interés. Pero para que este potencial sea efectivamente utilizado se requiere sin duda de actores institucionales, los gobiernos locales por ejemplo, con voluntad política para democratizar el acceso a las redes y facilitar el entrenamiento para su uso. De lo contrario, la ciudad fragmentada será el modelo urbano triunfante del próximo milenio y en los fragmentos excluidos de la ciudad real seguirán mirando por televisión las imágenes de la ciudad virtual con la promesa de un mundo mejor.


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