Cuando se alude a las TICs se incluye bajo esta denominación a un conjunto difuso de tecnologías y en relación con la ciudad la imagen más frecuente remite a la comunicación a distancia a escala planetaria posibilitada por las autopistas de la información. La ciudad virtual ya forma parte de la vida cotidiana de los habitantes del mundo, sin embargo La "aldea global" que Marshall McLuhan profetizara en la década del 60, a mas de 30 años continúa apareciendo como la imagen paradigmática de la ciudad del futuro, con la promesa de un mundo mejor.
Gaëtan Tremblay (1996) observa que a primera vista podría parecer asombroso que se refiera a dos metáforas tan distintas como la de "autopista" y la de "aldea" para evocar la sociedad de la información, dado que ambas imágenes connotan mundos totalmente diferentes. Las autopistas representan la velocidad, la anchura, la modernidad, la libertad individual. Por lo contrario la aldea significa la lentitud, lo pequeño, la cercanía con la naturaleza, las relaciones sociales próximas, el pasado. Como el mismo autor afirma pareciera que el papel mitológico que se espera que la tecnología desempeñe es reconciliar los contrarios, servir de mediador entre la modernidad y el pasado, entre la vida moderna activa y la vida bucólica del campo, la individualidad y la sociabilidad. Acaso ¿no es esta la realidad que se habita en la ciudad virtual?
En la ciudad real resulta más difícil la posibilidad de reconciliar los contrarios. En Argentina, como en la mayoría de los países latinoamericanos, las redes TICs están siendo progresivamente gestionadas por el sector privado. La empresa se ha convertido en un actor con protagonismo creciente en contraposición con el Estado, quien mantiene casi exclusivamente su rol de regulador aunque en general permanece a la zaga en el proceso de toma de decisiones En este contexto ¿Cual es el potencial de estas tecnologías para acrecentar o disminuir las desigualdades sociales y territoriales existentes?
Las redes TICs son las redes técnicas urbanas de difusión más rápida y aparentemente más pareja en el territorio, pero este fenómeno disfraza una falsa homogeneidad. Esto se debe a que la expansión de las redes y el acceso a ellas están crecientemente determinados por la capacidad de pago de los usuarios/ consumidores individuales, entonces, los sectores más pobres de la población no necesariamente quedan completamente excluidos de las redes pero acceden a servicios de menor calidad y alcance, salvo que lo hagan de manera informal (Susana Finquelievich y Ester Schiavo, 1998) .
Por tal razón, las redes TICs comportan un nuevo filtro en la
recomposición territorial y contribuyen a profundizar un modelo
tendencial de ciudad: la ciudad fragmentada. En ella los fragmentos territoriales
habitados por los estratos socio económicos medios y altos forman
parte de la ciudad virtual y están conectados al mundo global, en
cambio, los fragmentos pobres permanecen condenados a la ciudad real,
conectados por redes de baja calidad y corto alcance, las que solo comunican
con su pequeño mundo.
Además de las dificultades de acceso masivo que estas tecnologías
tienen implícitas en relación con la existencia de la red
y la capacidad de pago, dado que para estar conectado se requiere al menos
una computadora y una línea telefónica, o en su defecto estar
abonado a un cable, lo que obviamente no caracteriza a la mayoría
de la población mundial; se requiere otra condición no menos
importante, un saber técnico básico.
En este contexto ¿De qué manera podrían contribuir
las publicaciones electrónicas a los procesos de integración
social?
Riccardo Petrella (1995) , entre otros autores, pone el énfasis en el rol de las ciudades como actores fundamentales del cambio tecnológico y económico y sostiene que sus dirigentes jugaran un papel crecientemente importante en la reconstrucción de las sociedades urbanas ¿Qué rol podrían jugar las publicaciones electrónicas gestionadas por los dirigentes locales?
El potencial de las publicaciones electrónicas es inmenso, ya sea como medio de información o para crear nuevos canales de comunicación entre ciudadanos, entre gobernantes y gobernados, entre grupos de interés. Pero para que este potencial sea efectivamente utilizado se requiere sin duda de actores institucionales, los gobiernos locales por ejemplo, con voluntad política para democratizar el acceso a las redes y facilitar el entrenamiento para su uso. De lo contrario, la ciudad fragmentada será el modelo urbano triunfante del próximo milenio y en los fragmentos excluidos de la ciudad real seguirán mirando por televisión las imágenes de la ciudad virtual con la promesa de un mundo mejor.