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| Publicación electrónica y lengua | ||
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Desde la aparición de Internet, se ha evidenciado la necesidad de comunicar conocimientos, experiencias o curiosidades. Eso significa que cualquiera es capaz de transmitir a quien sea toda una serie de información que hasta hace escasos años tan sólo podía hacer llegar a gente de su entorno. Con Internet, las palabras, los sentimientos y las emociones viajan por todo el mundo.
La gente tiene que comunicarse por escrito (excepto si usan otros sistemas de transmisión por Internet más sofisticados, como el audio o el vídeo). Así pues, el internauta que quiere comunicarse se convierte en escritor, periodista o historiador en potencia. La red ha propiciado que todo el mundo tenga que redactar para poder comunicar.
Esta comunicación escrita pone de manifiesto los conocimientos (pocos o muchos) que tienen los usuarios de los diversos idiomas de la red. Y no es nada raro ver auténticas barbaridades ortográficas en páginas web, chats o listas de discusión (en cualquier idioma). Sin embargo, nadie se escandaliza, al menos públicamente. Estamos pues ante una permisividad lingüística que habría que reconsiderar.
La inmediatez en la comunicación conlleva que el texto que se escribe (exceptuando casos muy concretos) no se revise, con lo cual aparecen inevitablemente errores. Con esto, queremos evidenciar la desaparición de la figura del corrector, que jugaba un papel primordial en los medios convencionales, sobre todo en la prensa escrita. En Internet, el corrector desaparece excepto en el caso en que comunicador y corrector sean una misma persona (web/chat/lista creados por un entendido en ortografía o incluso lingüística).
Así pues, si aplicamos lo dicho al catalán, podemos
decir que, por un lado, no es la única lengua que se escribe mal
en la red y, por otro, que la red favorece la expresión en esta
lengua ya que todos los idiomas se encuentran en igualdad de condiciones.
